
SAI para el hogar inteligente: plan de instalación
Un corte eléctrico de pocos milisegundos puede bastar para reiniciar un router y dejar sin conexión a las cámaras IP, las cerraduras, los sensores y las automatizaciones del hogar inteligente.
SAI para el hogar inteligente: plan de instalación
No todos los equipos reaccionan igual ni todos los SAIs conmutan con la misma rapidez, pero el problema es siempre el mismo: una red doméstica que parece seguir teniendo corriente puede quedar inutilizada por el reinicio de un único elemento central.
Por eso, un sistema de alimentación ininterrumpida para domótica no debe plantearse como un simple enchufe con batería. Hay que decidir qué cargas deben permanecer activas, cuánto consumen de verdad, cómo se apagará el servidor durante un corte prolongado y qué parte de la instalación necesita respaldo frente a qué parte solo necesita protección contra sobretensiones.
Cálculo de carga y dimensionamiento: el margen de seguridad necesario
El cálculo empieza por los equipos que mantienen en pie la instalación, no por todos los aparatos de la vivienda. En un montaje habitual entran el router, el ONT de fibra, el switch PoE, el hub de domótica, las cámaras, el servidor donde se ejecuta Home Assistant y, si existe, un NAS o un NVR. Una impresora, una lámpara o un cargador pueden quedar fuera del respaldo si su apagado no interrumpe ninguna función esencial.
La forma más fiable de conocer la carga es medirla con un vatímetro de enchufe. Las cifras de la etiqueta sirven para saber qué adaptador o circuito se está utilizando, pero suelen representar el máximo admisible, no el consumo normal. Además, algunos equipos tienen picos breves al arrancar: un NAS puede demandar más al poner en marcha los discos y un switch PoE puede elevar su consumo cuando activa cámaras con iluminación infrarroja.
Conviene registrar dos valores:
- Consumo estable: el que se mantiene durante el funcionamiento normal.
- Pico de arranque o de actividad: el que puede aparecer al iniciar discos, cámaras, fuentes de alimentación o cargas PoE.
La suma de vatios permite conocer la potencia activa, pero los SAIs suelen dimensionarse en vatios-amperios (VA). Para pasar de una unidad a otra hay que tener en cuenta el factor de potencia de las fuentes de alimentación. En cargas electrónicas pequeñas, el valor depende del diseño de cada adaptador y no conviene sustituirlo automáticamente por una cifra fija.
La fórmula de referencia es:
VA = W / FP
Por ejemplo, una carga medida de 250 W con un factor de potencia de 0,65 equivale aproximadamente a 385 VA. Esa cifra no debería convertirse en el tamaño exacto del SAI. El inversor no trabaja mejor cuando funciona permanentemente cerca de su límite, y una instalación doméstica puede crecer: otra cámara, un punto de acceso adicional o un disco nuevo cambian el cálculo.
Un margen del 20-30 % sobre la carga calculada suele ser razonable para evitar ese funcionamiento al límite. Con un margen del 25 %, los 385 VA del ejemplo se convierten en unos 481 VA, de modo que habría que escoger el modelo comercial inmediatamente superior, siempre comprobando también su potencia máxima en vatios. Un SAI con muchos VA pero pocos vatios disponibles no resolverá el problema si la carga real supera la capacidad del inversor.
| Equipo típico de hogar inteligente | Consumo medio orientativo (W) | Posible consumo máximo (W) |
|---|---|---|
| Router Wi-Fi 6 | 12 | 18 |
| Switch PoE de 8 puertos | 60 | 90 |
| Hub domótico o mini-PC con Home Assistant | 15 | 25 |
| Dos cámaras IP | 24 | 30 |
| NAS de dos bahías | 30 | 50 |
| Repetidor o extensor | 8 | 12 |
| Total del ejemplo | 149 | 225 |
La tabla solo sirve para entender el método. Una cámara con calefactor, un switch con varios dispositivos PoE o un NAS con discos exigentes pueden apartarse bastante de esos valores. La medición en la propia instalación es más útil que cualquier tabla genérica.
La autonomía no se calcula con los VA
Los VA ayudan a escoger el tamaño del inversor; la autonomía depende sobre todo de la energía disponible en la batería y de la potencia que se está consumiendo. Para hacer una primera estimación se puede utilizar la capacidad energética en vatios-hora, el consumo de la carga y el rendimiento del SAI:
Autonomía (min) = (Wh × η / W) × 60
La fórmula es simplificada. La capacidad útil disminuye cuando aumenta la intensidad de descarga, el rendimiento cambia según la carga y la electrónica del SAI puede reservar parte de la batería para protegerla. También existe una diferencia entre la autonomía teórica publicada por el fabricante y el tiempo disponible cuando la batería ya tiene varios años.
Con una batería de 200 Wh, una carga de 200 W y un rendimiento estimado del 90 %, el cálculo daría 54 minutos. No debe interpretarse como una promesa de autonomía real: el dato sirve para comparar configuraciones y decidir si el SAI está pensado para cubrir microcortes, mantener la red durante un apagado ordenado o sostener una instalación durante una ausencia más larga.
Para una batería de respaldo para router y cámaras, muchas veces importa más la estabilidad durante los primeros minutos que perseguir una autonomía muy larga. En cambio, si el SAI alimenta un NAS, el objetivo puede ser dar tiempo a que el sistema cierre los servicios, desmonte los volúmenes y apague los discos correctamente. Son dos necesidades distintas y conviene no mezclarlas en el mismo cálculo.
Selección de topología: por qué el SAI interactivo es el estándar en domótica
Los SAIs domésticos se agrupan normalmente en tres topologías: en espera, línea interactiva y doble conversión. La elección no depende solo del precio. También influyen la calidad de la red eléctrica, la sensibilidad de las fuentes de alimentación, el ruido admisible y el tipo de carga conectada.
- En espera u offline: el equipo alimenta normalmente la carga desde la red y activa el inversor cuando detecta un corte. Puede ser suficiente para equipos sencillos, pero el tiempo de conmutación y la forma de onda de salida deben ser compatibles con las fuentes conectadas.
- Línea interactiva: incorpora regulación automática de tensión, normalmente mediante AVR, y evita recurrir a la batería ante determinadas caídas o subidas de tensión. Ofrece un equilibrio adecuado para routers, switches, cámaras, hubs y pequeños servidores.
- Doble conversión u online: la carga recibe continuamente energía procedente del inversor. Aísla mejor las perturbaciones de la red, pero suele tener un precio, un consumo propio y una generación de calor superiores. Tiene sentido cuando la calidad eléctrica es especialmente mala o cuando la carga justifica ese nivel de protección.
El SAI interactivo con AVR suele ser la opción más sensata para una instalación domótica doméstica. No porque sea universalmente superior, sino porque resuelve los problemas habituales sin mantener todo el tiempo la electrónica en un régimen más complejo y costoso. La doble conversión puede estar justificada para un servidor crítico, un equipo de comunicaciones especialmente sensible o una vivienda con una red muy inestable. Para un pequeño armario de comunicaciones, a menudo añade prestaciones que no se van a aprovechar.
Los tiempos de conmutación que aparecen en las fichas técnicas deben leerse como datos del modelo, no como una garantía idéntica para todos los equipos de la categoría. Una fuente de alimentación moderna puede tolerar un intervalo que haga reiniciar a otra. La única comprobación concluyente consiste en probar el conjunto: SAI, router, ONT, switch, cámaras y servidor, funcionando a la carga habitual.
La forma de onda también merece atención. Algunos SAIs económicos entregan una salida escalonada cuando trabajan con batería. Muchas fuentes conmutadas la toleran, pero no se puede asumir que todos los motores, transformadores o equipos con corrección activa del factor de potencia se comportarán igual. En una instalación con NAS o mini-PC, conviene revisar la compatibilidad indicada por el fabricante.
El SAI interactivo con AVR regula la tensión sin recurrir constantemente a la batería: reduce descargas innecesarias y deja el acumulador disponible cuando llega un corte real.
¿Dónde colocar el SAI?
El equipo debe instalarse cerca de las cargas que protege, en un lugar ventilado, seco y accesible para sustituir la batería. No conviene encerrarlo en un armario sin circulación de aire ni colocarlo junto a fuentes de calor. Un SAI pequeño puede convivir con el router y el switch en un armario técnico, pero hay que dejar espacio para que el aire circule y para poder leer sus indicadores o desconectarlo durante una intervención.
La conexión a tierra, la sección de los conductores y la protección magnetotérmica pertenecen a la instalación eléctrica y deben revisarse con criterios de seguridad, no solo de autonomía. Un SAI con enchufe no sustituye a un cuadro correctamente protegido.
En una instalación nueva puede estudiarse la integración del respaldo en el cuadro eléctrico, pero no todos los equipos están diseñados para ello. La instalación de SAI en cuadro eléctrico exige un modelo específico, coordinación con las protecciones existentes, conmutación segura y separación clara entre circuitos respaldados y no respaldados. Un SAI doméstico de sobremesa no debe conectarse de forma improvisada al cuadro ni utilizarse para alimentar toda la vivienda.
La solución habitual consiste en llevar al SAI únicamente los equipos críticos: el punto de entrada de la conexión, el núcleo de red y el controlador domótico. Así se evita que una carga accidental, como una herramienta o una impresora láser, agote la batería y deje sin servicio a las cámaras.
Gestión inteligente con NUT: integración y apagado seguro en Home Assistant
El SAI es mucho más útil cuando Home Assistant conoce su estado. Con una conexión USB, el servidor puede recibir información sobre la tensión de entrada, la carga, el estado de la batería, si está funcionando con red o con batería y la autonomía estimada por el propio equipo. Esa información permite actuar antes de que la alimentación desaparezca por completo.
Network UPS Tools, conocido como NUT, es una de las opciones más extendidas para exponer esos datos en la red local. La arquitectura puede organizarse de dos maneras:
1. El SAI se conecta por USB al servidor que ejecuta Home Assistant.
2. El SAI se conecta a un NAS o a otro equipo que actúa como servidor NUT.
3. El servidor publica los estados y, si procede, las órdenes autorizadas para otros clientes.
4. Home Assistant consulta esos estados y los utiliza en automatizaciones.
El puerto de comunicación habitual de NUT es el 3493, aunque lo importante no es memorizar el número, sino mantener el servicio dentro de la red local y limitar quién puede consultarlo o enviar órdenes. El nombre del controlador y las variables disponibles dependen del fabricante y del modelo. Por eso hay que comprobar la compatibilidad antes de comprar el SAI y no dar por hecho que cualquier cable USB ofrece todos los datos.
En Home Assistant interesa disponer, como mínimo, de sensores para:
- Estado de la alimentación: red, batería o fallo.
- Porcentaje o estado de carga de la batería.
- Carga conectada al SAI.
- Autonomía estimada, tratada como una aproximación.
- Temperatura o alarmas, si el modelo las expone.
- Tiempo transcurrido desde el inicio del corte.
El apagado seguro no debería depender de un único umbral rígido. Un temporizador puede ser adecuado cuando los cortes de la vivienda son breves y conocidos, pero cinco minutos no tienen el mismo significado en una instalación que consume 40 W que en otra que consume 200 W. Es preferible combinar varias condiciones: que el SAI esté funcionando con batería, que el corte siga activo durante un tiempo definido, que la autonomía estimada esté descendiendo y que el servidor o el NAS hayan terminado sus tareas prioritarias.
En la práctica, Home Assistant puede enviar una notificación al móvil al comenzar el corte, desactivar procesos no esenciales y ordenar el apagado del NAS o del servidor cuando se cumplan las condiciones configuradas. El router y el switch pueden permanecer activos para conservar la conectividad mientras quede energía útil, pero la decisión de apagarlos debe depender de la autonomía disponible, de la carga real y de la política del modelo. Algunos SAIs permiten configurar grupos de tomas, retardos o niveles de apagado; otros aplican una lógica fija.
No existe un porcentaje universal de batería a partir del cual todos los SAIs deban cortar la salida protegida. El equipo puede reservar una parte de la capacidad para evitar una descarga excesiva, y el valor efectivo cambia con el modelo, la calibración, la temperatura, la antigüedad y el estado de la batería. Si el fabricante ofrece un umbral configurable, ese ajuste debe interpretarse junto con la autonomía medida y las recomendaciones del manual.
El porcentaje que muestra el SAI es un dato de control, no una promesa de minutos restantes: la automatización debe comprobar el modelo, la carga y el comportamiento real de la batería.
Una secuencia de puesta en marcha razonable incluye:
1. Conectar el SAI por USB al equipo que vaya a gestionar NUT.
2. Instalar NUT como complemento o servicio, según la plataforma.
3. Seleccionar el controlador compatible con el modelo.
4. Confirmar que aparecen los estados de red, batería, carga y autonomía.
5. Probar una notificación al pasar a batería.
6. Configurar el apagado ordenado del NAS o del servidor.
7. Verificar qué ocurre cuando vuelve la red y si el SAI admite reinicio automático de las salidas.
8. Repetir la prueba con la carga habitual, no solo con el servidor conectado en vacío.
El apagado del servidor domótico no debe cortar la alimentación del router antes de tiempo si se necesita recibir una notificación o mantener las cámaras accesibles. Por eso resulta útil separar las tomas y definir prioridades: primero se cierran los servicios que pueden corromper datos; después se conserva la red; finalmente, si la batería sigue descendiendo y el SAI lo permite, se apagan las cargas restantes.
Diferenciación de salidas: qué conectar a la batería y qué a la protección contra sobretensiones
Los SAIs domésticos suelen ofrecer dos grupos de tomas. Unas combinan respaldo de batería y protección contra sobretensiones; otras solo filtran o desvían sobretensiones. La distribución no es decorativa: determina qué equipos seguirán funcionando durante un corte y qué cargas consumirán la energía almacenada.
En las tomas con batería deberían quedar los elementos cuya caída provoque una pérdida de servicio:
- ONT o módem de fibra, si está separado del router.
- Router y punto de acceso principal.
- Switch PoE que alimenta cámaras o dispositivos esenciales.
- Controlador domótico.
- Servidor de Home Assistant.
- NAS o NVR, siempre que su apagado ordenado esté integrado en la estrategia.
- Sistemas de control de acceso que necesiten continuidad, de acuerdo con sus requisitos eléctricos.
Las tomas de protección sin batería pueden reservarse para impresoras, cargadores, lámparas no esenciales o equipos que solo necesiten protección frente a perturbaciones. No tiene sentido ocupar una salida respaldada con un aparato que no debe seguir encendido mientras la vivienda está sin red.
La separación también ayuda a localizar fallos. Si todas las fuentes están conectadas a una regleta detrás del SAI, resulta difícil saber qué carga está provocando una alarma de sobrecarga. En cambio, una distribución documentada permite desconectar un grupo, medir el efecto y decidir si una cámara o un switch adicional merece conservarse durante un corte.
Hay que evitar encadenar regletas y protectores de sobretensión sin comprobar las instrucciones del fabricante. Algunos SAIs detectan una carga elevada al arrancar; otros pueden emitir alarmas por corrientes de fuga o por una forma de onda que no se lleva bien con determinados filtros. Los adaptadores deben quedar firmemente conectados y sin tensión mecánica en los cables, sobre todo en armarios donde el peso de varias fuentes puede acabar aflojando un enchufe.
Mantenimiento preventivo: vida útil de las baterías VRLA y ciclos de sustitución
La mayoría de los SAIs domésticos utiliza baterías VRLA de plomo-ácido, a menudo de tecnología AGM. Son compactas, relativamente económicas y no requieren rellenar electrolito, pero no son permanentes. La temperatura, el tiempo que pasan almacenadas, las descargas profundas, la frecuencia de los cortes y la calidad del cargador influyen en su envejecimiento.
La fecha de fabricación ayuda a saber cuánto tiempo lleva instalada la batería, pero no indica por sí sola cuánta capacidad útil conserva. Dos baterías con la misma edad pueden comportarse de manera diferente si una ha trabajado en un armario caliente y la otra en un entorno más fresco, o si una ha sufrido varias descargas completas. Tampoco basta con observar que el SAI arranca: una batería degradada puede mantener la carga durante unos instantes y caer rápidamente cuando el inversor exige potencia.
Por eso, la sustitución no debe basarse en afirmar que a determinada edad queda un porcentaje concreto de capacidad. El estado real debe comprobarse con una prueba controlada, siguiendo las indicaciones del fabricante y teniendo en cuenta la carga conectada. En una instalación crítica, una prueba de autonomía permite comparar el tiempo obtenido con el que necesita el sistema para cerrar servicios y apagar los equipos.
Un plan de mantenimiento razonable incluye:
- Revisar periódicamente las alarmas, la temperatura y el estado que comunica el SAI.
- Mantener despejadas las entradas y salidas de aire.
- Anotar la fecha de instalación o sustitución de la batería.
- Ejecutar pruebas de corte en un momento en que no haya actualizaciones ni tareas delicadas en el NAS.
- Comprobar que Home Assistant recibe el cambio a batería y registra el evento.
- Sustituir la batería cuando la prueba muestre una pérdida de autonomía incompatible con el objetivo de la instalación, cuando aparezcan alarmas o cuando se alcance el intervalo recomendado por el fabricante.
- Revisar los terminales y el compartimento durante la sustitución, sin manipular el equipo conectado a la red.
En climas cálidos o en armarios poco ventilados, el deterioro puede acelerarse. En ese caso tiene sentido acortar el intervalo de revisión, pero no establecer una cifra automática de capacidad sin medirla. La autonomía calculada al instalar el SAI debe considerarse una referencia que se actualiza con las pruebas, no un valor garantizado durante toda la vida del acumulador.
Los modelos con baterías de litio pueden ofrecer ventajas de tamaño, peso y gestión de ciclos, pero requieren una electrónica de control compatible y no siempre permiten sustituir el conjunto con la misma facilidad que una batería VRLA. La elección depende del uso previsto, del servicio técnico disponible y del coste total, no solo de la densidad energética anunciada.
La puesta en servicio importa tanto como la compra
Una vez elegido el SAI, conviene probar la instalación por capas. Primero se conecta una carga sencilla y se verifica que el cambio a batería no reinicia el router. Después se añaden el switch, las cámaras y el servidor. Por último se comprueba la automatización de NUT y el apagado ordenado. Si se conecta todo de una vez, será más difícil saber si el problema está en la conmutación, en la fuente de alimentación, en el exceso de carga o en la configuración del software.
La prueba debe hacerse con la carga normal de la vivienda y documentar varios datos: qué equipos permanecen activos, cuánto tarda en notificarse el corte, cuándo comienza el apagado, qué sensores cambia Home Assistant y cómo se recupera el sistema al volver la red. Si el SAI ofrece una autonomía estimada muy optimista pero la prueba real es mucho más corta, hay que revisar la carga, la batería y la configuración antes de confiar en él.
También es importante decidir qué ocurre cuando vuelve la alimentación. Algunos equipos arrancan automáticamente; otros necesitan que se active una opción de reinicio tras restaurar la red. El servidor puede encenderse mientras el router todavía está negociando la conexión, y eso puede provocar alertas falsas o servicios incompletos. Un retardo de arranque y una comprobación de conectividad suelen ser más fiables que lanzar todas las automatizaciones al mismo tiempo.
El objetivo final no es mantener encendido cada dispositivo de la casa, sino conservar las funciones que hacen que la instalación siga siendo útil y recuperable: conexión, red local, cámaras prioritarias, control domótico y cierre correcto de los sistemas con almacenamiento. Un SAI bien dimensionado, con salidas diferenciadas, integración NUT y una batería supervisada, convierte los cortes eléctricos en un evento gestionable en lugar de dejar la vivienda inteligente a merced del primer reinicio.